Cultura, naturaleza y diversión garantizada para toda la familia en el valle de la Garcipollera.

A escasos 8 kilómetros de Jaca, en la parte baja de Castiello, a la derecha de la carretera que conduce a Canfranc, tras cruzar las vías del tren, nace una pista que a través de aldeas abandonadas y frondosos bosques de pino, abeto y roble, nos adentrará en el mágico Valle de la Garcipollera (valle de las cebollas).

Sin duda se trata de un lugar especial, deshabitado desde los años sesenta se ha convertido en un paraje natural de excepcional belleza, salpicado de senderos para recorrer a pie, a caballo o en bicicleta, explorar las ruinas abandonadas, u observar toda la flora y fauna que nos brindan sus casi diez kilómetros de profundidad.

Encontraremos senderos marcados y lugares destinados a la observación de aves. Junto al río, en las choperas, es fácil ver oropéndolas, picapinos o carboneros. En los pinares veremos arrendajos, herrerillos o trepadores azules. Y por encima nuestro es muy común observar grandes rapaces como el milano o el alimoche. Debido a la alta densidad de ciervos, durante los meses de otoño es un lugar inmejorable para sentarse sobre una piedra con unos prismáticos y escuchar la berrea. Junto a ellos el valle sirve de refugio a un gran número de mamíferos como los jabalíes, ardillas, zorros o tejones. Su recóndita ubicació