Larrosa, en el Valle de la Garcipollera, fue abandonado durante los años sesenta.

Tras dejar atrás Acín, continuaremos por la pista hasta cruzar el río, y poco después, a nuestra derecha encontraremos una nueva pista cortada al tráfico desde donde tendremos que continuar a pie unos tres cuartos de hora. También podemos acceder a Larrosa desde la ermita de Santa María de Iguácel.

Al fondo del Valle, tras atravesar magníficos pinares, donde es fácil encontrarse con rastros de ciervos o jabalíes, en un claro del bosque aparece, fantasmagórico, el pueblo de Larrosa. La sensación de nostalgia se apodera del visitante cuando pasea por las estrechas calles de lo que en otro tiempo fue un pueblo vivo. La iglesia de San Bartolomé, en la parte más elevada del pueblo, está fechada en el siglo XI. A pesar de su estado de ruina todavía es posible apreciar su estructura, de una nave rectangular rematada mediante ábside semicircular con elementos lombardos.

Tradicionalmente la población vivía de la agricultura, la ganadería y la explotación forestal. Contaba con servicio diario de correos, y gracias a un molino, en el año 1926 llegó la luz eléctrica. Hasta 1928 hubo una dotación de carabineros, y en esa misma época se restauró la vieja escuela que estuvo en funcionamiento hasta 1958. Entre los años 1957 y 1961 el pueblo es abandonado, momento en el que contaba con 57 vecinos y doce viviendas.

 

Por: Javier Cano Álvarez