Acín, en el Valle de la Garcipollera, fue abandonado durante los años sesenta.

Como todos los pueblos del Valle de la Garcipollera, Acín fue abandonado durante los años sesenta para llevar a cabo una intensiva plantación de pinos, con la intención de que evitaran la colmatación del pantano de Yesa, misión que no han cumplido como demuestra el proyecto de recrecimiento. Tomando la pista que se adentra en el valle hacia la ermita de Santa María de Iguacel, desde el mismo camino podremos ver a nuestra izquierda la torre del campanario de la antigua iglesia de San Juan Bautista.

Se trata de un templo románico construido entre los siglos XII y XIII, en la actualidad casi completamente en ruinas, conservándose únicamente la torre, adosada en el siglo XVII, el ábside y los muros de la nave. Si prestamos atención, en el ábside, igual que en la Catedral de Jaca, podremos observar perfectamente la transición entre el arte lombardo (primer románico) y el románico.

Del resto del pueblo, que a principios del siglo XX contaba con una población de 140 habitantes,  tan sólo queda el dibujo de la planta de tres o cuatro casas y unos cuantos muros devorados por la vegetación. Durante todo el siglo XX el goteo de la migración fue constante, quedando unos 30 vecinos cuando se abandonó el valle a principios de los años sesenta. Más tarde