Las ruinas del hospital de Santa Cristina en Candanchú, nos recuerdan que en su momentos, éste fue uno de los tres más importantes de Europa.

Durante el siglo X, la mayoría de los peregrinos que elegían la ruta por el Pirineo central lo hacían siguiendo la antigua calzada romana Bearn-Cesaraugusta, que cruzaba el Pirineo por el Puerto de Palo, para entrar al Valle de Hecho, donde enlazaban con la Canal de Berdún ya camino de Navarra. A partir del siglo XI, con la doble intención de proteger al gran número de peregrinos que extendían el cristianismo por todos los confines de Europa (algunos estudios hablan de 500.000 anuales) y controlar el flujo tanto de personas como de mercancías, la realeza dedicó grandes esfuerzos a reconstruir caminos, construir nuevos puentes y arreglar los antiguos, a la vez que creaba una red de hospederías y hospitales en los cuales los peregrinos encontraban refugio.

Durante el siglo XI, siendo ya Jaca una próspera ciudad, se favoreció el paso de Somport (1640 metros de altitud) más cómodo y fácil de proteger que el del Puerto del Palo