La Selva de Oza es un lugar ideal para realizar tranquilos paseos familiares a través de bosques y prados ganaderos.

Desde Siresa, continuaremos unos 12 kilómetros atravesando un espectacular y estrecho desfiladero llamado la Boca del Infierno. En las inmediaciones del camping podremos dejar el vehículo para iniciar la marcha a pie, primero por una pista forestal y más tarde por un sendero bien marcado.

La selva de Oza es un lugar perfecto para realizar tranquilos paseos sin ningún tipo de dificultad a través de un hermoso bosque de hayas, mezcladas con abetos, pinos silvestres, arces, abedules... La frondosidad del bosque no permite que entre mucha luz, creando de este modo un ambiente húmedo, donde en otoño crece una infinidad de especies de setas. Esta gran masa forestal da cobijo a una importante y variada fauna. En lo más profundo y espeso del bosque, en uno de sus últimos santuarios, se oculta el oso pardo, y junto a él, una gran cantidad de mamíferos como corzos, sarrios, hurones, jabalíes, zorros, ardillas…

Después de visitar la Corona de los Muertos seguiremos avanzando y el bosque empieza a dejar paso a los prados ganaderos, donde a partir de la primavera entre orquídeas, lirios, amapolas amarillas… se alimentan vacas y caballos. Estos prados abiertos son un lugar perfecto para la observación de rapaces como el buitre común, el milano real, el alimoche y con mucha suerte el quebrantahuesos.

Al final de la pista el río nos obsequia con pequeños saltos de agua, y paseando por los prados podremos observar los restos de la antigua calzada romana que cruzaba el puerto del palo, o descubrir algunos de los dólmenes que hay en el entorno. Si queremos comprender mejor la función de estos monumentos funerarios, podemos visitar, antes de hacer la