Borau, en el Valle de Aísa. Sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

A unos 12 kilómetros al norte de Jaca, asentada sobre un promontorio a 1008 metros de altitud, junto al río Lubierre encontramos la villa de Borau. Rodeada de grandes masas forestales, la villa de Borau está integrada en el parque natural de los valles occidentales y todo el entorno que la rodea está catalogado como ZEPA (zona de especial protección de aves), con magníficos bosques de pinos, abetos, hayas, quejigos…, salpicados de incontables arroyos donde vive una rica y variada fauna.

A unos dos kilómetros de la población encontramos la Ermita de San Adrián de Sasabe, último vestigio del importante monasterio del siglo X donde se refugiaron de la invasión musulmana los obispos oscenses. Esto, junto con la concesión del título de villa y la rica arquitectura que podemos observar paseando por sus empedradas calles, nos sugiere la importancia histórica de este lugar.

Se trata sin duda de uno de los núcleos con la arquitectura pirenaica mejor conservada de todo el entorno, con elementos propios de la zona, como los inclinados tejados de pizarra, fachadas de piedra, grandes balconadas o monumentales chimeneas troncocónicas. Tradicionalmente la actividad económica se ha centrado en la agricultura, la ganadería y la explotación forestal, y como en otros tantos pueblos pirenaicos el fenómeno migratorio hizo mella en su población durante todo el siglo XX. En la actualidad su población no llega al centenar, hecho que contrasta con las casi cuatrocientas personas que vivían aquí a principios del pasado siglo XX.

Desde hace unos años el magnífico entorno natural que rodea Borau, especialmente apto para la práctica de deportes al aire libre como el barranquismo, la es