Aísa, en el Valle de Aísa. Sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

A orillas del río Estarrún, resguardada por el pico de Aspe, a 1045 metros de altitud encontramos la pequeña y bonita población de Aísa. Rodeada por una agreste naturaleza forma parte del parque natural de los valles occidentales. Sus grandes masas forestales de pinos, quejigos y hayas, junto con sus prados ganaderos, dan cobijo a una gran diversidad de fauna.

Sabemos que en la ermita de San Esteban fue educado durante un tiempo el futuro rey Alfonso I el batallador. Durante el siglo XII la villa perteneció al Monasterio de Santa Cruz de la Serós, dueño del lugar hasta que el rey Pedro III de Aragón lo cedió en calidad de señorío, siendo integrado nuevamente como realengo por Jaime II en 1293.

En su cuidado y magníficamente conservado casco urbano destaca la iglesia de la Asunción, así como una bella arquitectura popular pirenaica donde abundan inclinados tejados de pizarra, fachadas de piedra o monumentales chimeneas, sin olvidarnos de que muy cerca de aquí se encuentra el dolmen más antiguo del Pirineo.

En la actualidad cuenta aproximadamente con unos 175 habitantes. Tradicionalmente la actividad económica ha girado en torno a la ganadería y a la explotación forestal, junto con pequeñas huertas de autoabastecimiento. Todo el Valle de Aísa es un lugar ideal para la práctica de la bicicleta de montaña, el senderismo, el vuelo en parapente o, por qué no, disfrutar de sus magníficas piscinas municipales. Aísa celebra sus fiestas los días 15 y 16 de ago