Torla, en el Valle de Broto. Sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

Junto al alto cauce del río Ara nos encontramos con esta joya del Pirineo Aragonés, la cual se eleva a 1.032 m de altitud. La entrada a esta localidad a través de la N-260 es lenta, casi silenciosa, y uno no llega a imaginar el esplendor que se esconde tras el serpenteo de curvas y rocas plenas de vegetación.

Torla se convierte en Balcón del Valle de Broto y en puerta de entrada a uno de los conjuntos naturales que, en la provincia de Huesca, ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, inaugurado en 1918.

Aunque el caserío se presenta abigarrado pueden distinguirse un par de plazas, varias manzanas y viales más o menos cortos que confluyen en espacios más amplios. Su arquitectura tradicional ha sido conservada y respetada representando gran armonía en su integración con la naturaleza que la rodea. Se conservan magníficos ejemplos del siglo XVI con ventanas geminadas de arquillos trilobulados, o una gran variedad de vanos: apuntados, conopiales, etc.

Destacan también varias casas torreadas o los soportales del edificio del ayuntamiento. Casa Viú representa un buen ejemplo de arquitectura tradicional, con galería solana y oratorio propio del siglo XVI.

La iglesia de Torla, construida sobre los restos de un antiguo castillo que defendía el territorio de las incursiones francesas del siglo XV, presenta estilo tardogótico del siglo XVI, aunque posee ampliaciones que se extienden hasta el siglo XVIII. La antigua abadía acoge un destacable Museo Etnológico y a la entrada de la población podemos visitar el Centr