Bergua, en el Valle de Broto. Sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

Bergua constituye uno de esos ejemplos de zonas despobladas recuperadas gracias a las propicias circunstancias y al empeño de sus antiguos moradores, descendientes y admiradores. El hecho de acondicionarse una pista para el acceso desde Fiscal, o el paso de la línea eléctrica por la localidad, se convirtieron en piezas clave para la recuperación.

Este pequeño enclave pirenaico se ubica a 1.033 m de altitud, en uno de los marcos naturales más espectaculares de la provincia; una zona en ligera pendiente y rodeada de vegetación, sobre todo pinares y quejigos. El caserío se muestra orgulloso dada su renovada apariencia, con sus calles y sus bordas sonrientes de volver a ser pobladas, y vividas. Destacan casa Marcela y casa Agustín, dos potentes casas-fortaleza.

La parroquial, en estado de ruina, está dedicada a la Asunción de la Virgen, data del siglo XVI, y en uno de los muros podemos distinguir un crismón románico aparte de inscripciones góticas.

En el punto más alto de Bergua se encuentra la ermita de San Bartolomé, un ejemplo un tanto problemático en estilo, suponiendo algunos autores su apego a lo románico, mientras otros se decantan por su arcaísmo, asociándolo a épocas prerrománicas. Al margen de los conflictos cronológicos, lo cierto es que se trata de un bello ejemplo de la arquitectura religiosa de época medieval, ya sea por su singular estructura (su triple cabecera plana), su extraordinaria ubicación, o por los embellecimientos de época posterior: las pinturas murales del siglo XVI.

Justo enfrente del pueblo podemos contemplar los restos de un eremitorio o ermita rupestre que recibe el nombre de “Iglesieta de los moros”.

Bergua celebra sus fiestas el 15 de agosto, para la Asunción.

 

Por: Laura Armario