Jánovas, en la Ribera de Fiscal. Sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

Allí donde la mirada se pierde y no se reconoce, donde se difumina y humedece en ojos llorosos, allí aparece Jánovas.

Poco o mucho podemos contar sobre este lugar, según se mire. Poco, porque en pie sólo quedan ruinas y una imagen que encoge al corazón más frío… Y mucho, porque amplia es la historia del lugar, no sólo desde 1951, año en que se planteó el proyecto del embalse de Jánovas y se comenzó con un desalojo forzoso de la población, sino desde sus orígenes.

El acceso parte de la carretera N-260. Desde allí tomaremos el sendero que nos permite acceder al lugar pasando por el puente colgante que salva el río Ara.

Una vez entramos al pueblo ponemos cara a todo aquello que hemos oído en boca de familiares, oriundos del lugar o reportajes y documentales comprometidos con la reversión de Jánovas: casas dinamitadas, calles esbozadas, una iglesia mermada y troceada, campos yermos… No hay lugar más que para la indignación y la frustración que genera una torpe e injusta administración, que lejos de resolver un problema heredado de la dictadura, parece recordarnos las formas y la actuación autoritarias de aquella época.

Un tranquilo aunque desesperanzador paseo nos ablanda el alma, y nos acercará a esas gentes que desde múltiples plataformas no dejan de alzar su voz para ser oídas. Desde aquí, con toda la humildad y el cariño, nos sumamos en un apoyo incondicional.

 

Por: Laura Armario