El monasterio de San Victorián, junto a la Peña Montañesa, fue durante siglos uno de los mayores centros de sabiduría en Aragón.

San Victorián constituye todo un hito histórico y artístico para el Sobrarbe y para todo Aragón. Un espacio religioso y simbólico olvidado hasta hace muy poco tiempo, un aspecto muy común que se repite con demasiada frecuencia sobre nuestro amplio y rico patrimonio cultural, evitando así su difusión y puesta en valor.

El entorno en el que está ubicado este antiguo monasterio no puede ser más sobrecogedor, por su variedad y su monumentalidad, ya que ahí está la perpetua mirada de la Peña Montañesa, una mirada que invita a la espiritualidad y el recogimiento.

Investigadores como A. Durán Gudiol relacionaron los orígenes de este monasterio con el de San Martín de Asán, fundado por el santo italiano, San Victorián, en el barranco de Vadiello, en el despoblado de Isarre o Asarre, aunque no hay evidencia material sobre ello, ni documento certero que lo avale. Sin embargo, recientes investigaciones arqueológicas han registrado restos de un antiguo templo de posible origen paleocristiano (siglo VI), así como las huellas de una pequeña iglesia prerrománica.

Aunque el conjunto actual, aquel que podemos visitar y recorrer en su mayor parte, mezcla aspectos románicos (sobre el dintel de una puerta instalada al este se conserva un relieve románico, del siglo XII probablemente, cuya representación podría tratarse de un Pantocrátor) con salas y edificaciones incorporadas en su mayoría en los siglos XVI y XVII.

La desamortización de Mendizábal en el siglo XIX y su desacralización en 1953, así como el traslado de sus bienes al Museo Diocesano de Barbastro y las parroquias de alrededor, hundió al monasterio en el olvido y el abandono, hasta su restauración, desde el 2008, y su reapertura en abril de 2012.

Aconsejamos con deleite la visita a todo aquel curioso del Arte, de la Historia y, por supuesto, de la naturaleza.

 

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