Guaso, junto a Boltaña. Sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

A través de la carretera que une Aínsa y Boltaña, tomando el desvío de Margudgued llegaremos 3 kilómetros después al lugar de Guaso, una población llena de vistas privilegiadas dada la confluencia de varias circunstancias: servir de enlace con el valle del alto Vero, ofrecer inmejorable perspectiva para contemplar la peña montañesa o proporcionar una visión magnífica de la zona de confluencia de los ríos Ara y Cinca. Guaso está compuesto por varios conjuntos de casas o barrios, que forman desiguales y dispersos caseríos.

Orgullosa nos escruta la torre de la iglesia de San Salvador, en el barrio de El Tozal. Aunque los orígenes de este potente edificio se remontan al siglo XII, hoy día contemplamos el resultado de la remodelación acometida en los siglos XVI-XVII. No hay que perderse la visita al esconjuradero (construcciones que acogían la celebración de diferentes rituales y conjuros para ahuyentar las tormentas) en este mismo barrio; presenta estructura cuadrada, marcada a través de los correspondientes pilares que dan sustento a una bóveda esquifada.

Asimismo, no debemos olvidar la ermita de San Quílez (siglo XII) prácticamente oculta bajo los arbustos y casi arruinada, o la ermita de la Virgen de las Viñas, ejemplo del románico rural (siglos XII-XIII).

En el barrio de El Grado, destaca la casa Pallás, antigua mansión de los Broto; diversas adiciones a lo largo de los siglos XVI-XIX han creado uno de los ejemplares más potentes de la provincia de Huesca.

En la zona llamada de Santa Quiteria encontramos la ermita de Santa Ana, sobre la que descansa el consistorio municipal, hecho verdaderamente curioso. Y en el barrio de El Arrabal destaca la casa de Juan Broto, que presenta defensas características del siglo XVI.

Guaso celebra sus fiestas el 6 de agosto, en honor a San Salvador.

 

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