Ligüerre de Cinca, en Biello Sobrarbe. Sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

En buen terreno y con “clima saludable”, como escribiera Pascual Madoz a mediados del siglo XIX en su diccionario geo-histórico, Ligüerre se convierte, a pesar del drama del pantano de El Grado y la cadena de expropiaciones de los años 60, en un magnífico destino.

Aunque el censo de 1900 cuantificó 116 habitantes en la localidad, hoy tan sólo hay 5. Sin embargo, la reconstrucción del lugar con un objetivo turístico consigue dar la vuelta a las cifras en los meses más turísticos, tanto de verano como de invierno. Quizá el punto de partida, la rehabilitación del Mesón por parte del sindicato UGT, a quien la Confederación Hidrográfica del Ebro cedió los terrenos a finales de los años 80 del siglo XX, allanara el terreno para la reinvención del lugar.

Entre sus caserones destaca el Castillo-Palacio del siglo XVI, realizado en mampostería con refuerzo de sillar en los vértices, y con su característica puerta de medio punto dovelada como acceso noble. La parroquia del lugar, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, data del siglo XVI y conserva unas interesantes pinturas murales de estilo popular entre las que destaca la Coronación de la Virgen.

También Ligüerre forma parte relevante del mapa del románico altoaragonés, ya que una vez rebasado el desvío hacia esta localidad, camino del puente que cruza el extremo del pantano veremos a nuestra derecha, oculta por una docena de árboles, la ermita de San Salvador. Es obra del siglo XII, desposeída hoy día de su esplendor, pero no de su encanto ni del cuidado que los amantes del patrimonio profesan hacia este arte ancestral.

En 2008 se inauguró el Centro Interpretativo de la Piedra “Los maestros canteros”, sito en la rehabilitada ermita de El Pilar.

La fiesta local se celebra el 25 de julio.

 

Por: Laura Armario