Lecina, en Biello Sobrarbe. Sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

Lecina es uno de esos lugares que sorprenden, donde los sentidos quedan invadidos en cuanto pones los pies y los ojos entre sus muros y paisajes.

Aunque hoy sólo cuenta con 25 habitantes, sus casas nobles blasonadas nos hablan de un pasado glorioso, lleno de riqueza y esplendor. Así, la arquitectura de piedra y teja se alía en belleza en casa Sampietro, del siglo XVI, con una rica portada en la que destaca su arco conopial; pero también merecen especial mención casa castillo o casa Roque, con su arco semicircular monolítico.

La parroquial de San Juan Bautista data del siglo XVIII, aunque quizá sus orígenes se encuentren en un monasterio medieval de ubicación dudosa. De hecho, la iglesia actual reutiliza el muro meridional de una primitiva iglesia románica.

Una de las grandes sorpresas que esconde Lecina es la milenaria carrasca o encina que se encuentra en sus alrededores; ejemplar antiquísimo al que llegamos por un camino de piedra perfectamente señalizado, y que nos descubre un monumento vegetal de 16 metros de altura y 27 metros de diámetro de copa. En una palabra, espectacular.

Otro de los reclamos de la zona es su extraordinaria ubicación, en el curso alto del río Vero, permitiéndonos descubrir el modelaje de la piedra a través del paso incesante del agua, e incluso uno de esos tesoros que nos unen más a nuestro pasado y orígenes: pinturas rupestres postpaleolíticas en Gallinero o La Choca.

Lecina celebra sus fiestas el 20 y 21 de agosto.

 

Por: Laura Armario