La espectacular torre de Abizanda, tiene su origen en la ocupación musulmana.

Hablar de Abizanda es hablar de una de las obras maestras de la arquitectura militar lombarda. La torre se sitúa dentro de un recinto fortificado, en el lado norte, y data de la primera mitad del siglo XI.

La fortificación es de origen musulmán, fundada por Ibn Sallam; el lugar estuvo bajo posesión musulmana hasta el 1017, año en que fue conquistado por Sancho el Mayor de Pamplona. La torre fue levantada entre los años 1023 y 1030 para poder defender la cuenca del río Isábena ante un posible ataque. Su primer señor cristiano conocido fue Ato Galíndez entre 1055 y 1079, en tiempos de Ramiro I. En el 1413, durante un ataque por parte de los condes de Urgel, la torre perdió sus pisos interiores y el cadalso del exterior aunque se respetaron los muros que han llegado hasta nuestros días.

A lo largo de los años y los siglos la fortaleza fue pasando por diversas manos hasta que cayó en el abandono. No fue hasta finales del siglo XX cuando se realizaron las tareas de restauración que devolvieron todo el esplendor a la torre.

De planta cuadrada y 24 metros de altura, la torre está realizada en piedra y su basamento corresponde a una antigua construcción defensiva de origen árabe. Es uno de los donjones mejor conservados de Aragón. La palabra francesa Donjon se emplea para aquellas torres con salas que hacen la función de palacio; son como un castillo completo pero en vertical.

La torre cuenta con cinco pisos y cada uno de ellos cumple una misión distinta. Como era habitual en estas torres defensivas, el acceso al interior se realiza por una puerta situada en el segundo piso al cual se accede mediante unas escaleras de madera situadas en el exterior. Sencilla y bonita, la puerta de entrada es un arco de medio punto dovelado que apea sobre un dintel monolítico.

La primera planta tenía la función de almacén; la segunda planta, la de acceso, da a un zaguán que se cubre con bóveda de medio cañón. La tercera planta debió ser la estancia noble de la torre. En cada uno de sus muros cortos encontramos un vano geminado de los cuales, el situado en el lado oriental, se cegó y cumplió la función de capilla. Se conservan en él restos de pinturas murales. En este mismo piso, tras una puerta de arco d