Viacamp, en Ribagorza Oriental, sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

A 860 metros de altitud encontramos la población de Viacamp, que en la actualidad cuenta con una población de unos 16 habitantes.

De origen musulmán, antiguamente era conocida como Vía Campi o Vía Campano –“camino hacia el llano”-. La zona fue reconquistada por Ramiro I que mandó construir fortificaciones por el condado de Ribagorza para defenderse de posibles ataques musulmanes. En lo alto de un montículo, pudiéndose ver desde varios kilómetros de distancia, se conservan los restos del conjunto fortificado de Viacamp, del siglo XI, y del que se conservan restos de su muralla, la torre y la iglesia.

Su espléndida torre está realizada en mampostería y es de planta circular con cuatro pisos; es probablemente una de las torres de mayores dimensiones de la zona con 20 metros de altura y 11 de diámetro. En 2006 fue restaurada y desde 2008 se puede visitar su interior.

Junto a la torre encontramos la iglesia románica consagrada a San Esteban y que probablemente tuviera la función de capilla del castillo. Ha sufrido remodelaciones a lo largo del tiempo, lo que le ha hecho perder parte de su aspecto inicial románico.

En el casco urbano encontramos el santuario de Nuestra Señora de Obach, una construcción románica del siglo XI de una sola nave. En 1072 se donó esta iglesia a la catedral de San Vicente de Roda, siendo ésta la primera fecha documentada de este santuario. A lo largo de los siglos sufrió diversas ampliaciones.

Partiendo de Casa Batlle encontramos el acceso al Congosto de Montrebei, una espectacular senda excavada en la roca y acondicionada con pasarelas y escaleras colgantes no aptas para personas con vértigo, que nos permitirá adentrarnos en el estrecho paso que el río Noguera Ribagorzana ha formado al atravesar la sierra del Montsec, creando un corte de paredes verticales de más de 350 metros de altura y tan solo 20 metros de anchura y que constituye la divisoria natural y límite territorial de las comunidades de Aragón y Catalunya.

 

Por: María Escribano Román