Rodeada de bosque y campos de cultivo, en la antigua frontera cristiano musulmana, se alza orgullosa la torre de Fantova.

Situada sobre un promontorio a más de 1.000 metros de altitud encontramos la esbelta torre de Fantova y la ermita de Santa Cecilia, ambas dentro de un antiguo recinto fortificado del que hoy tan solo se conservan estas construcciones.

Sabemos que fue el conde Ramón II quien ordenó levantar la ermita y que fue consagrada en el 960 por el obispo de Roda. La torre de Fantova está datada en el siglo XI y fue construida por maestros lombardos. En el año 1008 el castillo fue invadido y ocupado por Abd el Malik, hijo de Almanzor, aunque en 1017 fue recuperado por Sancho el Mayor. A lo largo de los siglos pasó por diversos tenentes destacando el conde Sancho Ramírez, el conde Arnal Mir o Berenguer de Eril entre otros.

El castillo era prácticamente inexpugnable ya que estaba rodeado en tres de sus lados por profundos barrancos; en el lado que no había barranco se levantaban gruesos muros que servían de defensa. En uno de los extremos del recinto se levanta la única torre que queda en pie, de planta circular, gruesos muros de más de dos metros de grosor en su parte baja, nueve metros de diámetro y unos 18 metros de altura.

Cuenta con cuatro pisos al interior: el piso principal se cubre con bóveda de arista, el piso superior, al que se accede mediante escalera situada en lo alto, tiene saeteras que le proporcionan luz, y el último piso cuenta con una terraza almenada rodeada por siete vanos y que era la zona de defensa. Bajo el piso principal se sitúa la bodega. En la década de los 90 del siglo XX se llevaron a cabo diversas fases de restauración de la torre.

En el lado opuesto encontramos la iglesia románica de Santa Cecilia construida en el siglo XII. Cuenta con nave única cubierta con bóveda cañón reforzada con arcos torales. Los dos ábsides que posee se encuentran ceg