Guía de Graus, sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

Es en época de cruzadas y de reconquista cuando el primer rey aragonés, Ramiro I, pierde la vida en 1063 intentado tomar las puertas de tan apreciada plaza y ciudad, Graus, lugar de numerosos símbolos pasados y actuales, símbolos siempre ligados a la riqueza, al comercio y a la prosperidad.

Quizá la longaniza de Graus, emblema por antonomasia de estas tierras, posea actualmente el mismo reconocimiento que cualquier elemento histórico-artístico de la ciudad, y no es para menos; pero, sin pasar tan rápidamente a “charrar” sobre la cultura gastronómica, pasearemos primero por sus calles, plazas y rincones, lugares que nos desvelan una ciudad, en general, poco conocida, y que guarda mucho más de lo pudiéramos imaginar.

El pasado árabe, cristiano, y quizá incluso romano, se entremezclan para ofrecernos un patrimonio y una cultura rica y variada. Algo que se hace patente en un recorrido de arriba-abajo, desde el pequeño tozal en el que se enclava la basílica de Nuestra Señora de la Peña, que acoge el Museo de los Iconos, pasando por la plaza Mayor y llegando hasta el icónico Puente de Abajo, de configuración medieval, aunque algunos ven en él orígenes romanos, y reformado posteriormente, sin olvidarnos de sus restaurantes y otros enclaves de ocio y dispersión.

El caserío destaca por su abigarramiento en el casco histórico y por su expansión a lo largo de las rutas de comunicación. Sus estrechas callejas nos llevan poco a poco a espacios más amplios, las plazas, y en el caso de Graus sobresale su plaza Mayor, con los emblemáticos soportales y con edificios de gran valor: casonas que ilustran el mudéjar o el estilo renacentista en sus fachadas e interiores.

Ejemplo de ello es el ayuntamiento, la casa del Barón o la casa Heredia, representantes ambas de la imagen más conocida de Graus, con fachadas que despliegan hermosas pinturas del siglo XVIII. Todo un conjunto rodeado de los restos de la antigua muralla, de la que quedan algunas de sus puertas, como la de Chinchín o el Barón.

En definitiva, la Muy Noble y Muy Antigua Villa de Graus, capital de la comarca de la Ribagorza, se convierte en una ciudad con multitud de propuestas, abiertas a todo tipo de visitantes. Quizá ello se deba a su carácter de ciudad en la encrucijada, es decir, en situación de cruce de caminos y de ríos, el Ésera y el Isábena. Una condición de apertura que la convierte también en perfecto acceso hacia el Pirineo, en portal de entrada hacia paisajes más recios y rotundos.

 

Por: