Guía de Campo, sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

El lema de la población reza “si descubre Campo, seguro que repite”. Buena frase para iniciar nuestro pequeño recorrido por este lugar del Pirineo, que se asienta a orillas del río Ésera, entre las hermosas cimas del Turbón y el pico de Cotiella, siendo lugar de entrada natural al Valle de Benasque.

Un magnífico enclave que dota a la zona de preciosas vistas, y de la fama de ser uno de los destinos preferidos para los amantes del turismo de aventura. El caserío campense, a diferencia de otros municipios del entorno, se presenta estructurado en un callejero reticular, no irregular, como es frecuente en el Pirineo Aragonés. En él se insertan edificios en su mayoría renovados, conservándose escasos ejemplos históricos o de arquitectura tradicional. Las breves huellas del pasado residen en el corazón de la ciudad, tanto en la plaza de la Iglesia como en la Plaza Mayor, que aunque bastante desfigurada, guarda algún edificio destacable, como casa Aventín, con portada adovelada del siglo XVI.

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es un templo de sabor renacentista, con planta de cruz latina y cabecera poligonal. Destacan el pórtico y la portada, en arco de medio punto moldurado flanqueado por pilastras rematadas en decorados capiteles. Al interior presenta bóvedas de crucería estrellada como cubrición y varias capillas laterales.

Interesante resulta la visita al Museo de Juegos Tradicionales, con una importante colección que sorprenderá a especialistas y aficionados, y por supuesto hará las delicias de niños y jóvenes. Incluso, el museo podría trasladarse al exterior, ya que en cualquiera de sus calles podrá descubrir un ancestral juego femenino de la zona, birllas, parecido a los bolos.

En sus fiestas, Campo exhibirá buenos bailes, como el de Chinchana, y deleitará al visi