Desde hace un milenio, el castillo de Benabarre domina desde de su colina la población.

Imponente sobre la colina, el castillo de Benabarre remonta sus orígenes a finales del siglo X o principios del siglo XI, por lo que es probable que los primeros momentos de su construcción correspondan con la época en que la ciudad se encontraba bajo dominio musulmán.

Tras diversos intentos por parte del rey aragonés Ramiro I, la población pasa a manos cristianas a finales del año 1062. Es entonces cuando se convierte en residencia condal, y como consecuencia de tal importancia, se construyen toda una serie de edificios que tienen en cuenta su nueva condición de castillo-palacio: torreones defensivos, estructura escalonada, iglesia románica, etc.

Su primera condición defensiva, es decir, haber sido concebida para el dominio territorial, el control sobre la zona y el contacto con otras fortificaciones anejas, retrasaron su ampliación y embellecimiento. En época bajomedieval la pequeña iglesia románica se transformó en contundente templo gótico: la iglesia de Santa María de Valdeflores.

Lo cierto es que el conjunto actual es el resultado de diferentes fases constructivas, ampliaciones, destrucciones y renovaciones; así, algunos paredones dispuestos en el espolón rocoso podrían pertenecer a época musulmana, mientras en un recinto inferior se observan los restos del templo del siglo XII.

Por otro lado, las reformas del siglo XIV-XV: la iglesia gótica, una posible cisterna, una torre semicircular y un patio, sin olvidar que parte de las mejoras acometidas en esta época fueron desmanteladas por Felipe II. A esto hay que añadir los desperfectos y daños sufridos durante las guerras con Catalunya, las batallas desplegadas con motivo del conflicto sucesorio, la guerra de la Independencia y las guerras carlistas, huellas que enriquecen s