El Macizo de Monte Perdido, en el epicentro del Parque Nacional de Ordesa y del Pirineo aragonés, es la masa calcarea más alta de toda Europa.

Hace unos 80 millones de años, las placas Ibérica y Euroasiática colisionaron, provocando que el lecho marino del mar de Thetis se viera empujado hacia arriba. Con  el tiempo se fueron formando grandes masas de rocas blandas como areniscas, yesos, calizas o margas.

La descomunal fuerza siguió ejerciendo una terrible presión, haciendo aflorar lo que hoy conocemos como Pirineo Axial, formado por materiales primarios como granitos o pizarras, mucho más duros, pero no tanto como para evitar la erosión.  Tras millones de años de empuje y erosión, todo este material primario fue sepultando las rocas blandas, mientras que la acción de los ríos modeló los diferentes valles. 

Durante el Pleistoceno, hace unos 60.000 años, las grandes masas de hielo empujaron todos los sedimentos, a la vez que se expandía por las diferentes fallas y grietas, dando paso a circos, valles, grandes llanuras y profundos cañones. Con el fin de la glaciación, fue el agua de los ríos y barrancos la que continuó erosionando las partes más blandas del macizo de Monte Perdido, formando uno de los sistemas kársticos más importantes del mundo. A través de las rocas calizas, el deshielo y el agua de lluvia se filtra formando profundas cavidades, que dan paso a lagos, sifones y cascadas, muchas de las cuales surgen al exterior alimentando las aguas de los ríos y barrancos del Parque Nacional.