El Cañón de Añisclo, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, ofrece toda la belleza agreste y salvaje del Pirineo.

Desde los años ochenta, el cañón de Añisclo forma parte del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Situado al sur del Monte Perdido y perpendicular a la cordillera pirenaica, los diez kilómetros que separan el antiguo valle glaciar de la confluencia de los ríos Bellós y Cinca nos proporcionan un marco de una belleza salvaje y agreste, con cascadas y paredes verticales que se elevan hasta el cielo, donde con un poco de suerte es posible distinguir la hermosa silueta del quebrantahuesos.

La inversión térmica y la condensación provocan que en relativamente poco espacio podamos disfrutar de una enorme diversidad botánica. En la zona sur, la influencia mediterránea hace acto de presencia con bosques de quejigo y encina, que van dando paso a espectaculares hayedos. En las zonas más bajas predomina el bosque mixto compuesto por hayas, pinos o abetos.

El recorrido más popular se inicia junto a la ermita de San Úrbez, pero pocos metros antes es muy recomendable detenerse a contemplar el magnífico puente románico. La ermita de San Úrbez es un antiguo refugio eremítico, donde según nos cuenta la tradición popular se estableció un pastor francés al que se le atribuyen un gran número de milagros. Tradicionalmente las poblaciones cercanas rogaban a este santo para que trajera agua para sus cosechas.