Tiermas, en la frontera con Navarra, presenta un desolador estado de abandono.

Justo en la frontera de la Jacetania con Navarra, al pie del Camino de Santiago y junto al Pantano de Yesa, el cual inunda la mayor parte de su superficie, aparece la población fantasma de Tiermas. Los romanos la bautizaron como Thermae y aún hoy, bajo las aguas del pantano, se conserva una piscina junto con otras construcciones de aquella época.

Ya en 1201 el rey Pedro II funda Tiermas en lo alto de una colina, concediendo importantes privilegios y libertades a todos sus vecinos, los cuales a partir de aquel momento se hicieron cargo de la defensa de la frontera. Durante la edad media son incontables las batallas que libraron sus habitantes contra los ejércitos navarro, castellano o francés.

Paseando por sus calles sin pavimentar y colonizadas por la vegetación, podemos contemplar tristes edificios (alguno declarado Bien de Interés Cultural), que evocan un pasado en el que la población llegó al millar de habitantes. Destaca la iglesia de San Miguel, un bello edificio gótico del siglo XIV. Pese al estado de abandono y el derrumbe de varios tejados, observando la portada el visitante siente que se trata de un edificio especial. Presenta planta de cruz latina con una única nave dividida en cinco tramos mediante arcos fajones. A los pies todavía aguanta el coro junto a la torre campanario, de planta rectangular. El conjunto está realizado con sillares de buena cantería. Toda la dotación artística del templo fue trasladada a otras iglesias, junto con las campanas, que se pueden contemplar en el Museo Diocesano