La Foz de Biniés es un auténtico paraíso para los amantes de la ornitología, siendo un importante refugio para varios tipos de rapaces.

Separando las llanuras cerealistas de la Canal de Berdún y el paisaje pirenaico del Valle de Ansó encontramos el paisaje protegido de la Foz de Biniés, muy cerca también de la no menos espectacular Foz de Fago.

La Foz de Biniés ocupa unas 1280 hectáreas en torno al río Veral, que se nutre de las aguas de los barrancos de Búgalo y San Miguel. El desfiladero por el que discurre el río tiene aproximadamente unos 5 kilómetros de longitud, y sus paredes, algunas de ellas  completamente verticales, oscilan entre los 50 y los 220 metros en el tramo más angosto. Su singular ubicación, junto a la protección que le brinda su inaccesibilidad y unida a los fenómenos ambientales, ha propiciado unas condiciones muy especiales, bajo las cuales crece una gran variedad de flora y fauna.

En las zonas más soleadas la vegetación está dominada por las carrascas, junto a quejigos y bojes. En el cauce del río encontramos sauces, tilos o álamos. La fauna es rica y variada, especialmente la de los micro mamíferos, encontrándose en estos parajes el ochenta y tres por ciento del total que habita en la península ibérica. Es también muy importante la de anfibios y reptiles, y en cuanto a las aves, son muy numerosas aquellas que se encuentran unidas a los acantilados, como el buitre común, el treparriscos, el alimoche o el vencejo real. En cuanto a las acuáticas encontramos al mirlo acuático europeo, el común o la lavandera cascañeda.

Al pie de la carretera, al norte del barranco, en dirección a Ansó, encontramos el mirador de la Foz de Biniés, acondicionado con mesas de madera y con un panel indicativo de las aves que podemos observar. En la misma carretera, pasado el pequeño túnel llamado el Portal de los baños, encontramos unas pozas donde hasta los años cuarenta funcionar