Panticosa, en el valle de Tena, sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

La encantadora población de Panticosa la encontramos situada a 1.185 metros de altitud, emplazada entre los ríos Caldarés y Bolática. Sin duda se trata de uno de los principales puntos históricos del Valle de Tena. Epicentro del antiguo Quiñón de Panticosa, en sus archivos municipales se guardan los documentos históricos que marcaron la vida de las gentes del valle. La población aparece documentada por primera vez en el siglo XIII, siendo conocida en aquella época como Pandicosa, llegando a tener un dialecto propio, conocido como Panticuto, hoy desaparecido.

Las nuevas construcciones se mezclan con la arquitectura popular, que presenta bonitas muestras de construcción tradicional pirenaica, muchas de ellas datadas en el siglo XIX, época de máximo esplendor del balneario. Destacan las fachadas de piedra con portalones de acceso de medio punto o adintelados, algunos rematados con escudos nobiliarios junto a otros elementos ornamentales. Otro elemento llamativo son los tejados, muchos de madera, generalmente cubiertos de pizarra y con gran inclinación para evitar el acumulamiento de nieve. El edificio más destacado es la iglesia de la Asunción. 

Tradicionalmente la actividad económica estuvo relacionada con la ganadería, especialmente vacuna y lanar. Con el auge del termalismo entre la burguesía durante el siglo XIX se convirtió en un centro turístico de primer orden, llegando a contar en la primera mitad del siglo XX con casi un millar de habitantes. En la actualidad, junto con el balneario, la estación de esquí de Panticosa atrae también cada año a miles de amantes del deporte blanco. Su magnífica situación en un entorno realmente espectacular, propicia que su visita sea recomendable en cualquier época del año.