Lanuza, en el valle de Tena, sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

La pequeña población de Lanuza la encontramos a 1.284 metros de altitud, en la orilla izquierda del pantano que le da nombre. Junto con Sallent de Gállego, de la que hoy forma parte, constituyó históricamente el conocido como Quiñón de Sallent.

De tradición ganadera, los excelentes pastos que rodean a la población la convirtieron en una gran productora de ganado vacuno y lanar, siendo importante también la caza, especialmente la de sarrios, y la pesca de truchas. El comercio transfronterizo también supuso una gran fuente de ingresos, proveyendo de caballos y mulas francesas a diferentes ferias y mercados. La primera mención documentada se inscribe en el siglo XIII, y la importancia histórica del lugar se hace evidente si tenemos en cuenta la cantidad de catedráticos, diputados, abades o mandos militares nacidos en la población, siendo el más conocido Juan V de Lanuza, célebre justicia de Aragón ejecutado por orden del rey Felipe II en el año 1591.

Con la construcción del embalse, a mediados de los años setenta del pasado siglo XX, la mayor parte de las tierras de la población fueron anegadas quedando el pueblo abandonado. Tras varios años de expolio y abandono, durante los años noventa algunos de los antiguos habitantes regresaron y empezaron con la rehabilitación de algunas viviendas. En la rehabilitación de las antiguas casas y de las calles se ha respetado magníficamente la tradicional arquitectura de la zona, destacando las fachadas de piedra con vanos de medio punto o adintelados, escudos nobiliarios y tejados de pizarra abuhardillados. Con el resurgimiento del pueblo en los años noventa, los vecinos restauraron también la iglesia del Salvador.

Se trata de un templo edificado en el siglo XIX sobre otro de origen románico