Ibort, en el Serrablo, sus monumentos, excursiones, aventura, dónde comer, dormir.

Rodeado de pinares a 860 metros de altitud encontramos el pequeño pueblo de Ibort. La primera noticia documentada de la población aparece a principios del siglo XI, en un documento perteneciente al desaparecido Monasterio de San Andrés de Fanlo. Lugar de señorío nobiliario, históricamente sus habitantes vivieron principalmente de la agricultura cerealista así como de la ganadería lanar. Dadas las dificultades que entrañaba su ubicación, junto al barranco, donde se producían frecuentes corrimientos de tierras, durante el siglo XVII la población se trasladó a su ubicación actual.

La iglesia de San Lorenzo se edificó durante el siglo XVIII. presenta una nave dividida en cuatro tramos, con capillas laterales y rematada con cabecera recta. Está cubierta con bóvedas de cañón con lunetos y a los pies se haya instalado un coro elevado. La robusta torre del campanario consta de cinco cuerpos de altura, planta cuadrada y cubierta con un tejadillo a cuatro vertientes. El retablo, en honor a San Lorenzo y que antiguamente decoraba el altar mayor, se encuentra en la actualidad en la iglesia de Senegüé. En su lugar los vecinos han instalado un colorista rocódromo donde se puede practicar y mejorar la técnica de escalada, sin duda una magnífica manera de mantener y preservar este antiguo edificio.

Como otros tantos pueblos de la zona, Ibort fue abandonado durante los años sesenta del siglo XX, iniciándose a partir de ese momento una extensa repoblación de pinos. Tras años de abandono, a partir de mediados de los años ochenta, varias familias se empezaron a instalar en la población reconstruyendo varias viviendas y devolviendo la vida a esta pequeña población.

 

Por: Javier Cano Álvarez